Indicadores de Sostenibilidad en el Ámbito de la Responsabilidad Social de la Empresa
Por Antxon Olabe*
JORNADAS SOBRE REPONSABILIDAD SOCIAL
BALANCE SOCIAL: INSTRUMENTO DE GESTIÓN PARA LA EMPRESA SOCIAL
El desarrollo sostenible: un nuevo paradigma
La responsabilidad social corporativa surge como reflejo del cambio de paradigma que ha supuesto la aceptación universal del principio del desarrollo sostenible. La emergencia de graves problemas ambientales de carácter global en la segunda mitad del siglo XX tales como el cambio climático, la pérdida acelerada de diversidad biológica, el debilitamiento de la capa de ozono, la desertización o pérdida de suelo fértil en muchos lugares del mundo, el esquilmamiento de buena parte de las pesquerías del planeta, la desaparición de numerosos hábitats naturales, la contaminación química de la atmósfera, del suelo y del agua... hizo sonar las alarmas de la comunidad internacional.
La formulación del desarrollo sostenible por parte de la Unión Europea y de instituciones internacionales como las Naciones Unidas ha surgido históricamente como resultado de la constatación de que el desarrollo económico no podía seguir haciéndose a costa de dilapidar el capital natural. Desde la cumbre internacional de Estocolmo en 1972 a la de Johannesburgo, Sudáfrica, en el año 2002, el mensaje ha ido adquiriendo perfiles más exigentes: es preciso introducir cambios importantes en la manera en que la sociedad interactúa con los sistemas naturales si no queremos degradar irreversiblemente los sistemas vitales que soportan el funcionamiento y bienestar de la sociedad - clima, diversidad biológica, atmósfera, océanos, tierra fértil. Al mismo tiempo, la formulación del concepto de desarrollo sostenible por las Naciones Unidas en el conocido informe Nuestro Futuro Común incorporaba, desde el primer momento, un importantísimo contenido social.
Se ha alcanzado un estadio de desarrollo en el que ha sido preciso un cambio sustancial en la manera de concebir el desarrollo económico. Fruto de esa necesidad de resituar la relación naturaleza-sociedad surgió el concepto de desarrollo sostenible, cuya formulación más aceptada es la de las Naciones Unidas: la satisfacción de las necesidades de la presente generación no debe menoscabar el derecho de las futuras generaciones a satisfacer sus propias necesidades. Se ha afianzado, así, una concepción del desarrollo sostenible como el espacio de encuentro de tres vectores dinámicos - económico, ambiental y social - que lejos de entrar en contradicción unos con otros deben apoyarse y reforzarse mutuamente.
Con la formulación del concepto de desarrollo sostenible se ponía fin, de manera implícita, a la creencia de que el sistema económico podía funcionar de facto de manera independiente del sistema natural. Se acababa con la presunción de que el sistema económico - producción y distribución de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas - carece de límites ambientales. La irrupción de los fuertes desequilibrios ambientales antes mencionados invalidaba esa creencia y obligaba a repensar la relación entre la economía y el medio ambiente.
Desde el punto de vista conceptual un paso importante en la redefinición de la relación entre el sistema económico y el natural ha sido entender a aquél como un subsistema del sistema natural global. En el sistema económico de mercado se intercambian bienes y servicios por medio de las señales emitidas por los precios, señales que surgen de la relación entre las ofertas y las demandas respectivas. Pero es igualmente cierto que, tras los bienes y servicios, el sistema económico lo que hace es movilizar ingentes recursos materiales y energéticos que tras ser consumidos como productos y servicios, son finalmente devueltos al sistema natural en formas diversas de residuos y contaminación. Así, en el nuevo modelo la economía queda integrada dentro del sistema natural global, la biosfera. El desarrollo sostenible no es otra cosa que la aspiración de que ambas sean compatibles a largo plazo.
Empresa y sociedad: la Responsabilidad Social Corporativa
En la sociedad de mercado la empresa es la unidad básica de organización económica. El avance de la sociedad hacia el desarrollo sostenible no sólo es impensable que pueda hacerse contra las empresas, es impensable que pueda realizarse sin las empresas. Las empresas son el motor central del desarrollo económico y deben ser, también, un motor vital del desarrollo sostenible.
Para ello, es imprescindible que la empresa defina adecuadamente su relación con la sociedad y con el medio ambiente.
El concepto que mejor define esa relación es el de Responsabilidad Social Corporativa -Corporate Social Responsability (CSR) - definido por el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) [1] como: “la decisión de la empresa de contribuir al desarrollo sostenible, trabajando con sus empleados, sus familias y la comunidad local, así como con la sociedad en su conjunto, para mejorar su calidad de vida”. La responsabilidad social hace que “la empresa sostenible” se convierta en pieza clave en la arquitectura del desarrollo sostenible.
Situar adecuadamente la relación de la empresa con la sociedad en la que está inserta, así como con el medio natural en la que opera, requiere formular esas interacciones de una manera adecuada. La empresa es concebida, en ese sentido, como un microcosmos en el que los tres parámetros - crecimiento económico, cohesión social y preservación ambiental - son adecuadamente integrados. En ella, los tres vectores se conciben como mutuamente complementarios.
La empresa debe ser capaz, en primer lugar, de generar valor para sus clientes y accionistas y generarlo con una perspectiva a largo plazo. Al mismo tiempo, la empresa reconoce que su principal activo son las personas que la forman, ya que de su creatividad y capacidad de innovación depende la competitividad de la misma. La empresa, finalmente, se reconoce inmersa en la sociedad y participa de sus preocupaciones y valores. Acepta que la preservación del medio natural ha entrado a formar parte del concepto de calidad de vida en las sociedades desarrolladas y actúa en consecuencia, incorporando la variable ambiental en el corazón de su estrategia corporativa.
Las empresas que han apostado por la sostenibilidad llevan tiempo desarrollando conceptos, metodologías y sistemas de gestión acordes con lo que se conoce como el triple balance - the triple bottom line: económico, social y ambiental. La racionalidad de ese enfoque no es otra que la consideración de que una apuesta coherente por la responsabilidad social corporativa, basada en sólidos códigos de conducta, es positiva para la viabilidad de la empresa a largo plazo.
Empresa, sociedad y medio ambiente: un modelo integrador
La empresa orientada hacia la sostenibilidad concibe su acción a largo plazo como una interrelación de esferas de influencia y ámbitos de actuación. En la menor de las esferas, la empresa tiene el poder de decisión y su control sobre la misma es total. Desde la perspectiva del desarrollo sostenible en ese ámbito tienen lugar, entre otros, los siguientes aspectos:
estándares de trabajo
generación de empleo
seguridad e higiene en el trabajo
consumo de recursos energéticos, de agua y de materiales: ecoeficiencia
ecodiseño de productos
emisiones, efluentes y residuos, incluidos los residuos peligrosos
sistemas de gestión ambiental, códigos de conducta, responsabilidad social corporativa
Fuente: Elaboración propia (adaptado del WBCSD)
En la siguiente esfera se encuentran aquellas otras empresas con las que mantiene una intensa relación de negocios, bien porque son proveedores, clientes, competidores, porque participa en clusters con ellas o en asociaciones patronales diversas. En ese ámbito se sitúan también aquellas áreas de la administración pública directamente implicadas en las políticas empresariales. En esa esfera de influencia se desarrollan, entre otras, los siguientes actuaciones relacionadas con el desarrollo sostenible:
convenios colectivos, condiciones de trabajo en el sector
exigencias ambientales a proveedores como parte de los estándares ambientales propios
programas de I +D + I sobre tecnologías limpias
acuerdos voluntarios con la administración pública sobre mejoras ambientales
divulgación de buenas prácticas
benchmarkig
análisis del ciclo de vida del producto
tracción de unas empresas sobre otras
En la tercera esfera, la empresa proyecta su influencia y participa en la comunidad local en la que desarrolla sus actividades. Aquí se sitúan las relaciones con las instituciones de ámbito local y supralocal. Entre los aspectos relacionados con el desarrollo sostenible que se desarrollan en ese ámbito están los siguientes:
aceptación por parte de la comunidad local de la actividad empresarial - fenómeno nimby [2] en determinadas actividades
impactos ambientales locales de la actividad empresarial: contaminación atmosférica, ruido, contaminación de acuíferos y ríos, residuos industriales, contaminación del suelo
participación en programas de desarrollo local y Agendas Locales XXI
apoyo a la cohesión social de la comunidad: inserción social por el trabajo de colectivos desfavorecidos y/o de personas con minusvalías
flujos financieros - impuestos, tasas, cánones etc. - hacia las arcas públicas locales.
En la cuarta y última esfera, la empresa proyecta su influencia e interacciona con el conjunto de la sociedad. Los valores a través de los cuales la sociedad formula sus aspiraciones hacia una mejor calidad de vida impregnan a ésta y al resto de las esferas. En ese ámbito se desarrollan los siguientes aspectos:
creación de un marco político y normativo favorable a la iniciativa empresarial
infraestructuras
políticas y normativas ambientales - ámbito europeo o estatal
políticas sobre el empleo: igualdad de oportunidades
políticas educativas: formación de técnicos y mano de obra cualificada
flujos financieros hacia las arcas públicas. Hacienda y Seguridad Social
Por último, la esfera que representa a la sociedad se haya, a su vez, inmersa en un cuadrado que representa el sistema natural. El sistema económico como subsistema del sistema natural. El desarrollo sostenible significa que ambos sistemas sean capaces de co-evolucionar conjuntamente.
La emergencia del concepto de responsabilidad social corporativa es, en definitiva, expresión de la emergencia de nuevos valores en la sociedad. En los últimos 15-20 años, los países económicamente desarrollados han conocido un desarrollo muy importante de iniciativas desde ámbitos de la sociedad civil. A ese fenómeno se le ha denominado la emergencia del tercer sector, o sector no lucrativo, cuya cuantificación exhaustiva está siendo llevada a cabo por los trabajos de la John Hoppinks University de USA. Una parte muy destacada de las organizaciones del tercer sector tiene claros componentes sociales, solidarios. Funcionan con criterios económicos y de gestión empresarial pero la rentabilidad económico no es sino un instrumento al servicio de fines sociales más amplios - cohesión social, solidaridad, inserción de colectivos desfavorecidos, apoyo a los países en desarrollo, conservación del medio ambiente....
Confrontadas a una evolución social en la que la sociedad civil ha ido cobrando cada vez mayor protagonismo, las empresas de mercado han debido ir adaptándose a un entorno social en plena evolución. Al tiempo que las organizaciones del tercer sector han ido dando pasos muy serios en
su profesionalización, en su racionalización económica, en su eficiente asignación de recursos y en su capacidad de generar recursos propios con los que sostener su acción social y/o ambiental, las empresas de mercado han comenzado a ser permeabilizadas por los valores emergentes de la sociedad a la que, en definitiva, deben ofrecer sus productos y servicios.
El Global Reporting Initiative
Una vez que el concepto de responsabilidad social de la empresa ha irrumpido con fuerza en el mundo de los negocios, el paso siguiente ha sido la articulación de metodologías e indicadores capaces de expresar lo más adecuadamente posible los avances hacia la sostenibilidad en el ámbito microeconómico de la empresa. El GRI es el intento más sólido y coherente de los emprendidos hasta el momento a nivel internacional para dar respuesta operativa a la voluntad de articular de manera ordenada los avances de las empresas en los tres campos del desarrollo sostenible: el económico, el social y el ambiental.
El Global Reporting Initiative es una iniciativa internacional apoyada desde las Naciones Unidas que se define a sí misma como “una iniciativa internacional a largo plazo, promovida por un conjunto diverso de partes interesadas o interlocutores, cuya misión es desarrollar y diseminar a nivel global las guías necesarias para aquellas organizaciones que, de manera voluntaria, quieren emitir informes sobre la sostenibilidad de las dimensiones económicas, sociales y ambientales de sus actividades, productos y servicios”.
La dimensión económica incluye pero es más amplia que los tradicionales informes contables-financieros
de la empresa. Hace referencia a aspectos tales como salarios y beneficios, la productividad del trabajo, la creación de empleo, las inversiones en Investigación, Desarrollo e Innovación, las inversiones en el capital humano etc. La dimensión social incluye aspectos como la seguridad e higiene en el trabajo, la retención en el empleo, los derechos de los trabajadores, los salarios y condiciones de trabajo en las empresas subcontratadas etc. La dimensión ambiental hace referencia al impacto en el medio natural de las actividades de la empresa. Incluye la utilización de recursos materiales y energéticos, las emisiones a la atmósfera, los efluentes contaminantes, los residuos sólidos, los impactos ambientales en la salud humana etc.
La articulación ordenada y coherente de la información relativa a las tres esferas de la sostenibilidad tiene como objetivo proporcionar una imagen lo más fiel posible del impacto social y ambiental de la actividad de la empresa, de manera que los diferentes interlocutores - accionistas, clientes, trabajadores, administraciones públicas, ONG, ... - puedan adoptar decisiones debidamente informadas sobre la misma. Dicha articulación se conoce como el triple balance - económico, social y ambiental - cuya presentación ya es obligatoria en la Europa Comunitaria para las empresas que cotizan en bolsa y que cuentan con más de 500 trabajadores.
La mencionada articulación de la información sirve para tres importantes objetivos. En primer lugar, como vehículo interno al servicio de la alta dirección de la empresa para evaluar el grado de consistencia entre las políticas económica, social y ambiental de la empresa y los resultados efectivas de la gestión. En segundo lugar, sirve a nivel operativo para proporcionar una estructura lógica a la aplicación del concepto de sostenibilidad a las operaciones, productos y servicios de la organización. Finalmente, es un inmejorable soporte de comunicación externa, una herramienta de diálogo y trasparencia con los diversos interlocutores de la empresa.
La información recogida por la organización a través del panel de indicadores debe reunir una serie de cualidades, entre las que cabe destacar las siguientes:
relevante
fidedigna
clara
comparable
verificable
emitida en el tiempo adecuado
Indicadores para la sostenibilidad
Los indicadores son medidas específicas de un determinado aspecto que pueden ser utilizadas para evaluar una actuación. Son normalmente, pero no obligatoriamente, cuantitativos.
Indicadores ambientales
Los aspectos críticos que deben evaluar los indicadores ambientales tienen que ver con los impactos de la actividad de la organización en la utilización de los recursos y en la generación de residuos/ contaminación, así como en los efectos en la salud de las personas y los ecosistemas. El panel de indicadores debe referirse prioritariamente a los siguientes aspectos:
Energía
Materiales
Agua
Emisiones, efluentes y residuos
Transporte
Proveedores
Productos y servicios
Utilización del suelo y biodiversidad
Cumplimiento de la ley
Indicadores sociales
Los indicadores del ámbito social de la sostenibilidad en la empresa u organización incluyen los referidos al ámbito interno de la organización y los de ámbito externo. Entre los primeros están los siguientes:
Seguridad e higiene en el trabajo
Políticas de no discriminación en función del género, etnia, edad
Políticas de inserción de colectivos desfavorecidos
Formación del personal de la empresa
Grado de satisfacción en el trabajo de los empleados
Permanencia de los empleados en la empresa
Información y participación de los trabajadores en la marcha de la entidad
Fuera del ámbito de la empresa, la responsabilidad social de la misma se refleja en su capacidad para vincularse a la comunidad, especialmente la de ámbito local, y contribuir a su desarrollo y cohesión social. Igualmente se expresa en su capacidad para establecer unas relaciones con sus proveedores en las que se les demanda el respeto al código de conducta que la empresa considera básico - por ejemplo, no incluir como proveedores a empresas que utilizan trabajo infantil.
Si la empresa u organización es una entidad sin ánimo de lucro, un vector muy importante de su inserción en la comunidad local puede ser la creación de una red de voluntarios y voluntarias que le ayuden a realizar su misión fundacional. Esa red de voluntariado es de hecho tejido social que contribuye a generar comunidades más vivas y activas socialmente, es decir a generar capital social. En ese caso, los indicadores sociales de la entidad deberán reflejar también la calidad y cantidad de esa red de voluntariado, su grado de satisfacción, su participación real en la vida y marcha de la organización.
Indicadores económicos
Además de información financiera-contable, en gran medida orientada a evaluar la rentabilidad del capital, los indicadores económicos de sostenibilidad deben recoger los siguientes aspectos:
Productividad del trabajo
Salarios y beneficios
Inversiones en Investigación, Desarrollo e Innovación
Impuestos o contribución total a las arcas de la administración pública
Relaciones económicas con proveedores
Finalmente señalar que hay una serie de indicadores muy importantes denominados de eco-eficiencia que relacionan aspectos económicos y ambientales. La eco-eficiencia establece la relación entre la unidad de valor del producto o servicio por unidad de impacto ambiental - por ejemplo, unidades de energía consumidas por unidad de output, emisiones contaminantes emitidas por tonelada de producción.
Dentro del marco señalado, cada empresa u organización debe identificar los indicadores específicos que mejor reflejen su avance hacia la sostenibilidad. Hay una diferencia sustancial entre empresas mercantiles y entidades no lucrativas y, en consecuencia, el centro de gravedad en ambos casos es cualitativamente diferente. Los indicadores de sostenibilidad deben reflejar esa diferencia.
Una organización que trabaje en la inserción de colectivos desfavorecidos, por ejemplo, deberá poner en el centro de su panel de indicadores aquéllos que mejor expresen la realización de su misión fundacional - por ejemplo, número de puestos de trabajo creados en un año para personas de difícil inserción, número de personas en proceso de inserción que han participado en cursos de formación en el último ejercicio, número de reuniones participativas realizadas en el año con las personas en proceso de inserción.
Una empresa de mercado, sin embargo, tiene en el corazón de su razón de ser el retribuir a sus accionistas de manera adecuada. El centro de gravedad de la empresa es la rentabilidad del capital y los indicadores deben reflejar adecuadamente esa realidad.
Finalmente, lo importante es poner los indicadores en marcha e ir mejorándolos con el transcurrir del tiempo a partir de la propia experiencia de la organización. La entidad debe tener presente en todo momento que la sostenibilidad es un compromiso en el que confluyen las tres esferas de lo económico, lo social y lo ambiental. Según cual es el centro de gravedad de la organización empezará articulando unos y otros indicadores, pero con la intención clara de progresar en las tres direcciones.
* Economista ambiental. MSc en Economía y Gestión Ambiental por la Universidad de York, (UK), Junio, 2002
[1] El WBCSD se define a sí mismo como la coalición de 160 empresas multinacionales, unidas por el
propósito compartido de avanzar hacia el desarrollo sostenible a través de sus tres pilares: crecimiento
económico, equilibrio ecológico y progreso social. Sus miembros proceden de más de 30 países y
pertenecen a 20 grandes sectores industriales, agrupando a unos 1.000 líderes empresariales de todo el
mundo.
[2] Acrónimo del inglés que expresa el rechazo de las comunidades locales a actividades consideradas
negativas para la salud de los vecinos o el medio ambiente local
Publicado el 15 de junio de 2004
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