NETICOOP

Miércoles, 07 de Enero de 2009. Montevideo, Uruguay

Propósitos, valores y administración cooperativa en el Siglo XXI

Por Dr. Peter Davis *

En todos los debates sobre valores cooperativos y las dificultades para el mantenimiento de la democracia cooperativa muy poco es lo que se ha dicho sobre el propósito cooperativo. Sin embargo, creo que sin una clara definición del propósito cooperativo nunca estaremos en condiciones de diferenciar claramente la cultura de la administración cooperativa de la cultura gerencial en general. El propósito cooperativo puede brindar criterios de rendimineto del nivel cooperativo que destacarán los criterios de nivel funcional relacionados con la actividad específica que desarrolla la cooperativa. Este propósito cooperativo brinda las bases para estructurar, tando de una filosofía del desarrollo de la administración cooperativa como criterio para evaluar el desempeño de la administración de una cooperativa. Finalmente, sostengo que el análisis fundado en un propósito cooperativo da la pista para resolver las tensiones, ya observadas en la literatura, entre administración profesional, la mayor complejidad de la toma de decisiones comerciales y el compromiso y control de los miembros sobre sus sociedades cooperativas.

Cuando nuestro entorno cambia, es razonable que necesitemos reconsiderar nuestro propósito como parte de este proceso de revisión de nuestros valores y principios básicos. Toda la literatura seria que aborda los problemas del entorno estratégico para el desarrollo cooperativo reconoce la mayor importancia de la administración profesional para el éxito de la empresa cooperativa, así como las tensiones que esto suscita para los principios cooperativos. El libro de Sven Ake Böök, Valores cooperativos en un mundo cambiante y los recientes trabajos de lan Mac Pherson, La Identidad Cooperativa en el Siglo XXI y Reimer Volkers, Informe sobre gobierno societario y sistemas de control administrativo, destacan el turbulento y cambiante entorno mundial y los problemas de lealtad de la administración con las ideas cooperativas cuando las sociedades adquieren mayores dimensiones para hacer frente a las dificultades.

En mi reciente trabajo Co-operative Management and Organisational Development for Global Economy (Administración cooperativa y desarrollo organizativo para la economía mundial), he identificado seis cambios fundamentales en el entorno. Primeramente, la intensificación d ela competencia y el crecimiento en tamaño y concentración de los negocios que se basan en el capital. En segundo lugar, un mayor vuelco hacia la desregulación del mercado laboral en los países de la O.C.D.E y los ex estados comunistas. Tercero, la crisis para el financiamiento continuo del Estado de bienestar en los países de la O.C.D.E y ex estados comunistas. Cuarto, las presiones competitivas y bajos costos de la mano de obra en las nuevas naciones industrializadas. Quinto, el cambio demográfico que tiene como resultado el envejecimiento de la población en algunas de las economías clave del mundo. Finalmente, he señalado como cambio más importante en el entorno, la erosión e incluso la desaparición de la comunidad. Esto último se puede observar, tanto en la declinación del empleo y comunidad rural, como ene l aumento de los sin techo, pobreza, alineación y crimen en las ciudades más grandes del mundo. La transferencia continua de población del campo a la ciudad deja tras sí comunidades rurales envejecidas y declinantes, en tanto que agrega nuevas presiones a los centros urbanos sobrepoblados. Cada cierta manera, ha exacerbado como nunca la polarización de la riqueza y pobreza en las economías mundiales.

Las repercusiones de estos cambios sobre la administración cooperativa y los miembros activos de estas sociedades se puede percibir en su creciente sentimiento de aislamiento cultural e incertidumbre, para no decir desmoralización total e incluso amenaza de subvención [1]. Vivimos un época en que se considera que la expansión del capital social es una legitimación de las prerrogativas administrativas. El individualismo ha reemplazado a la comunidad y la filosofía del consumismo, que domina el pensamiento de muchas administraciones cooperativas en el Reino Unido, tiene poco que ofrecer para contrarrestar la tendencia hacia el interés individual y el alejamiento del interés mutuo.

Por eso la pregunta "¿Por qué estamos aquí?" se responde de manera despreocupada como sigue "una cooperativa es una asociación autónoma de personas unidas en forma voluntaria para satisfacer sus necesidades económicas y sociales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y controlada democráticamente..." [2]. (ACI Proyecto de declaración sobre identidad cooperativa). ¿Cuáles son exactamente las necesidades económicas y sociales que se han de satisfacer? Este es el meollo de la cuestión ya que solamente si se comprenden los propósitos económicos y sociales de las cooperativas estaremos en situación de juzgar la actuación de su administración. Reconozco, por supuesto, que en el movimiento cooperativo existe una amplia variedad de actividades comerciales que abarcan la mayoría de los aspectos de la vida económica y social del hombre. Todas ellas se desarrollan en una amplia variedad de contextos culturales y técnicos.

Pero, es precisamente por eso que el problema general de unificar el propósito (misión) cooperativo, de que hablé al comienzo, es tan importante.

Reconocemos valores comunes y, como lo ha destacado ya Sven Ake Böök [3], es fundamental que la administración cooperativa esté comprometida con ellos. La cuestión reside realmente en la manera de manejar esos valores y principios en forma que nos permita enunciar una filosofía y práctica específica para el movimiento cooperativo, que dote de poder a la administración cooperativa para conducir y dirigir la empresa cooperativa en el mundo moderno. Es precisamente allí, en los términos de una declaración del propósito fundamental que, creo, podremos brindar una tal estructura. Esta definición también ofrece a los miembros de las cooperativas una clara comprensión, de los propósitos generales y particulares de las cooperativas, así como un criterio para evaluar el rendimiento de la administración cooperativa para conducir y dirigir la empresa cooperativa en el mundo moderno. Es precisamente allí, en los términos de una declaración del propósito fundamental que, creo, podremos brindar una tal estructura. Esta definición también ofrece a los miembros de las cooperativas una clara comprensión, de los propósitos generales y particulares de las cooperativas, así como un criterio parar evaluar el rendimiento de la administración cooperativo en su actuación comercial. Existe, por lo tanto, un mejor potencial para el compromiso de los miembros y el control democrático de sus empresas cooperativas. Creo, que este es el tema fundamental que se debe resolver en los debates que se están realizando sobre la identidad cooperativa en el siglo XXI. Entonces, ¿cuál es ese principio fundamental?

La necesidad común, económica y social, que está presente en toda empresa cooperativa -el propósito de la cooperación propiamente dicha- es corregir el desequilibrio creciente de poder del mercado, mediante el acrecentamiento de la propiedad colectiva e individual de los recursos de capital en poder de los miembros. Ese fue el caso que comenzó con Owen, King y Raiffeisen y cuando consideramos la polarización continua del poder económico en la economía mundial de hoy podemos ver que ese principio fundamental sigue siendo válido. Puede tratarse de una cooperativa de trabajo que reúne a gente para crear, asegurar y satisfacer el empleo que no pueden encontrar en el mercado abierto del trabajo, o de la cooperativa cuyos miembros son pequeños agricultores que buscan mayores ventajas en la venta de sus productos en un sistema de distribución cada vez más concentrado y poderoso. La cooperativa podría ser un grupo de personas que no pueden lograr adecuadas condiciones de crédito o encontrar una vivienda para comprar o arrendar a un precio razonable en el sistema de mercado vigente. La cooperativa podría ser de consumo que desea comprar a un precio justo productos que cumplen criterios éticos y de otra naturaleza. Todos estos cooperativistas tienen en común su vulnerabilidad y falta de poder individual en el mercado y la insuficiencia de sus recursos personales para satisfacer sus necesidades de subsistencia y bienestar.

En segundo lugar, para que la gente se asocie debe ser primero y principalmente alentada para actuar en conjunto. Esa acción conjunta y en unidad constituye la esencia de la asociación. Todas las cooperativas que alcanzan el éxito, en consecuencia, unen y comprometen a sus miembros en una comunidad económica y social. Desde sus remotos comienzos, la cooperación se ha preocupado por saber cómo ejercer el poder y cómo vivir. De allí el énfasis en la educación como componente importante del programa cooperativo. La moralidad es siempre un componente destacado del programa de educación cooperativa. El llamado a "amar a su vecino como a uno mismo" sustenta la práctica de la fraternidad dentro de la perspectiva cooperativa aún cuando muchos de los que adhieren al concepto de fraternidad dentro del concepto cooperativo, puedan hacerlo desde el punto de vista de un humanismo secular y no de los Evangelios. No hay duda que el "logro del poder" como objetivo o meta de la humanidad es en sí mismo muy poco satisfactorio y puede llevar al individualismo, egoísmo, al fascismo. En el contexto de la asociación mutua, sin embargo sólo se puede tener el poder en base a la unidad y fraternidad.

En términos humanos la unidad y fraternidad que residen en el corazón mismo del propósito cooperativo sólo se pueden experimentar plenamente si es el sustento de una comunidad basada en el amor. Cualquier comunidad humana se funda en ese principio. La degeneración de tantos esfuerzos bienintencionados, que se hacen en nombre de los oprimidos, en sectarismo y ese celo excesivo por los derechos que dejan poco espacio a las responsabilidades (incluyendo muchos fanatismos religiosos) tienen su origen en esa falta de amor como principio rector. No se trata del amor de la canción popular "Todo lo que necesitas es amor"- las cooperativas necesitan mucho más- pero lo que quiero decir uniéndome a quienes lo vienen diciendo desde San Pablo, que sin amor todos nuestros esfuerzos por construir una comunidad dentro y entre nuestras asociaciones no llegarán a nada. Las reglas, organización y principios cooperativos deben ser más que una estructura aparente.

Algunos de nuestros padres fundadores reconocían (King, Raiffeissen, Laidlow, y muchos otros desde el siglo pasado y hasta hoy) el hecho que si las soluciones cooperativas se han de llevar a cabo, entonces se necesitan relaciones cooperativas y un espíritu de cooperación dentro de la asociación. Es en esta idea de amor en comunidad con objetivo humano, con su propio valor intrínseco, donde podemos identificar la construcción de la comunidad que responden al propósito central de las asociaciones cooperativas.

Una versión modificada de la declaración sobre identidad cooperativa [4] que aborde el tema del propósito cooperativo tendría, en consecuencia, la siguiente redacción.

Definición

"Una cooperativa es una asociación voluntaria, democrática, autónoma de personas cuyo propósito es alentar a sus miembros para que crezcan en comunidad y actúen en forma colectiva, tanto por el valor intrínseco de formar parte de una comunidad como para superar sus problemas de dependencia y necesidad económica, brindándoles el acceso y l a propiedad de los medios de subsistencia y bienestar.

Cuando las cooperativas crecen desarrollan estrategias, estructuras y políticas administrativas que acrecientan su capacidad para cumplir con esos propósitos cooperativos".

Estos cambios en el proyecto de definición de la identidad cooperativa permiten una evaluación mucho más ajustada de la efectividad de la administración cooperativa. Implica tres criterios cooperativos claros en base a los cuales se puede evaluar el rendimiento de la administración dentro del contexto cooperativo.
-  El primer criterio es el afianzamiento de la unidad, compromiso y comunidad entre los miembros de la cooperativa.
-  El segundo es la acumulación de recursos colectivos e individuales por los miembros.
-  El tercero y último criterio fundamental es el grado de control democrático ejercido por los miembros.

Estos tres criterios se agregan a los criterios de nivel funcional existentes, no los reemplazan. Esos criterios funcionales seguirán siendo tan importantes como antes y, por supuesto, dependen de la naturaleza específica de los servicios o funciones que provee la empresa cooperativa.

Podemos ahora pasar al desarrollo del proyecto de declaración de la ACI sobre valores y principios a fin de tener en cuenta lo necesario para una administración cooperativa que difiera de la que se basa en el capital. Una administración que refleje verdaderamente los valores y cultura cooperativa y que pueda conducir más efectivamente y desarrollar asociaciones cooperativas que compitan con las sociedades basadas en el capital y pequeñas empresas.

Si hacemos una rápida revisión histórica de la cooperación en el mundo, durante los últimos 150 años, no podemos dejar de reconocer que un valor clave de la empresa cooperativa ha sido siempre el servicio. Fundamentalmente y en última instancia, de servicio a los miembros y a la comunidad más extendida. el elemento colectivo que en todas las asociaciones cooperativas promueve el incremento del capital bajo un control democrático ha ampliado el concepto de servicio para incluir e incorporar el valor y práctica de la mayordomía [5]. La mayordomía de la propiedad de los miembros siempre se ha considerado una responsabilidad clave para la administración cooperativa y también un apoyo para los dirigentes. En el mundo moderno, es igualmente claro que el servicio de las cooperativas a la comunidad conduce a la mayordomía cooperativa del medio ambiente, al igual que las posesiones materiales de la empresa cooperativa. Los valores de servicio y mayordomía todavía no están articulados con suficiente claridad en la actual declaración sobre valores cooperativos.

Si vinculamos la idea de asociación como "una comunidad que actúa en conjunto" a los valores de autoayuda, mutualidad, igualdad y equidad y le agregamos los de servicio y mayordomía, podemos ver que la asociación compromete a los miembros, no solamente a trabajar juntos, sino el uno para el otro y para su más amplia sociedad o comunidad. La autoayuda y el interés por uno mismo están moderados por el reconocimiento de los intereses mutuos y el hecho práctico de la necesidad de ayudarse unos a otros y servir al bien común.

Hay otro valor, que no es nuevo para la cultura y propósito cooperativo, que existe desde los primeros tiempos sustentando la actividad cooperativa y es el compromiso con la calidad. Desde los primeros intentos para vender pan no adulterado en Rochdale, en 1844, el movimiento cooperativo aspiró a suministrar productos y servicios de primera calidad a sus miembros y clientes y lo logró a menudo. Es un valor al que deberíamos asignar mayor énfasis en nuestro contexto moderno. No porque se ha transformado en una "palabra monótona" que necesita ser rescatada y colocada en el centro mismo de nuestra preocupación y propósito ético y ambiental cuando promovemos a los miembros, la administración y operaciones cooperativas. La idea de calidad como impulso para la clientela es una mala representación superficial del concepto. No hay verdadera calidad sin mutualismo. Esto es reconocer que el proceso de producción, distribución y consumo es un todo unido. Por ejemplo, no podemos aceptar una alfombra, aunque su precio sea reducido y esté muy bien hecha, si la mano de obra que la ha confeccionado es un niño. Consumidores y productores tienen responsabilidades mutuas el uno con el otro y respecto del medio ambiente del cual, en última instancia, dependemos todos para vivir. El valor cooperativo de la calidad está informado y definido por el valor de mutualismo y es cuando entregamos esos principios y aseguramos su reconocimiento en el mercado que la diferencia y propósito cooperativo estarán en condiciones de ser mejor comprendidos por el público en general.

Porque restablecer el equilibrio económico de poder y el enriquecimiento de nuestros miembros es un resultado de nuestros esfuerzos aunados, y no de la explotación de los débiles y de los que están mal informados, no de malas condiciones de trabajo o de productos y servicios de mala calidad. Por estas razones quisiera proponer que el proyecto de declaración sobre valores cooperativos expresase:

Valores "Las cooperativas se fundan en los valores de comunidad, autoayuda, responsabilidad mutua, calidad, equidad, servicio y mayordomía. Practican la honestidad, sinceridad y responsabilidad social en todas sus actividades" [6].

Difícilmente pueda decirse que estos valores adicionales de comunidad, mutualismo, mayordomía y servicio de los demás sean nuevos. No obstante volver a destacarlos ahora es particularmente importante y pertinente. Nos permite definir mejor los principios que rigen la práctica y cultura de la administración cooperativa y sugiere la inclusión de un principio clave adicional en el proyecto de declaración de principios de la ACI. Sugeriría que en el texto del principio de democracia se suprimieran las palabras "Hombres y mujeres responsables para la administración de cooperativas" hasta el final del parágrafo y que el resto quedase tal cual figura.

Recomiendo insistentemente que en lugar de esta débil generalización cuya supresión acabo de sugerir, se incluya un nuevo principio cooperativo adicional bajo el título de:

"Administración cooperativa"

"La administración cooperativa está a cargo de hombres y mujeres responsables de la mayordomía de la comunidad, valores y bienes cooperativos. Brindan opciones de desarrollo para la dirección y política de la asociación cooperativa, basados en la capacitación profesional y vocación de servicio cooperativos. La administración cooperativa es la parte de la comunidad cooperativa profesionalmente comprometida a apoyar la totalidad de los miembros en el logro del propósito cooperativo".

La administración cooperativa no se basa en el ejercicio de la autoridad sino en la promoción del compromiso y participación, como parte de la comunidad cooperativa. Su práctica profesional se basa en los valores éticos de comunidad, calidad, servicio, mayordomía, honestidad, sinceridad y responsabilidad social. Su función principal es brindar dirección cooperativa a los miembros de base y a sus dirigentes efectos para el desarrollo de políticas y estrategias que darán a la asociación el poder necesario en la búsqueda de realización del propósito cooperativo.

Mediante la incorporación de la administración cooperativa, como parte de nuestra comunidad y representación de un importante principio de la cooperación, podemos eliminar la tensión de escala creciente que existe entre administración y democracia, dentro de la empresa cooperativa. El establecimiento de un principio referido a la administración cooperativa permite que la empresa cooperativa sea dirigida en forma profesional y cooperativa de manera tal que el compromiso de los miembros y la democracia sigan siendo aspectos clave de la práctica cooperativa. Al adoptar ese principio de administración cooperativa también sentamos las bases para un criterio en base al cual se puede juzgar el desarrollo y capacitación de la administración de la cooperativa y un criterio para juzgar el rendimiento de la administración en un contexto cooperativo. El ejercicio del control final por los miembros sólo puede ser efectivo cuando se ha implantado un claro e indiscutido propósito cooperativo que les ofrece a los miembros un criterio claro para juzgar el rendimiento de la administración. Al mismo tiempo, sin un criterio claro, no podemos esperar que la administración cooperativa haga frente a las dificultades del siglo XXI y que tenga confianza en el desempeño de sus papeles y responsabilidades directivos en en la empresa cooperativa. No es precisamente a los miembros a quienes debemos dar poder ahora que estamos frente a los retos del siglo XXI. También debemos dotar de poder a la administración dándole una base de valor y los principios en base a los cuales desarrollarán su práctica así como la confianza de saber cómo pueden actuar y por qué están actuando. Porque existe una base ética clara para el propósito cooperativo, tal como lo he definido antes, en términos de independizar a la gente de los ricos y poderosos y en la provisión de justicia distributiva mediante el poder popular contrarrestante de las asociaciones cooperativas. Esta declaración de principios de administración cooperativa alentará, estoy seguro, a muchos profesionales de la administración de alto nivel para que entren al servicio de la cooperativa en busca, no sólo de una carrera profesional sino también la satisfacción de formar parte de una comunidad comprometida en una empresa cuyo propósito es mejorar la calidad de vida de sus miembros y de la sociedad.

En consecuencia, la administración de cooperativas debe ser una profesión, en el verdadero y mejor sentido de la palabra. Ninguna profesión merece ese nombre si no se funda en claros principios y valores éticos, incluido el valor de servir a aquellos por los cuales la profesión es responsable, sean éstos pacientes, clientes comerciales, litigantes o, en nuestro caso, miembros cooperativistas. Para alcanzar el éxito la cooperación necesita la mejor administración. Necesitamos una administración segura, que pueda asumir numerosas decisiones complejas y difíciles que exigen una capacitación profesional específica. La creciente dependencia de los miembros de base de conocimientos y capacidad administrativos debe estar acompañada de un aumento de las normas profesionales y éticas de la administración cooperativa. El mito de gerentes de cooperativas que, al igual que empleados públicos, llevan a cabo las políticas fijadas por el consejo de administración electo debe reemplazarse por una nueva realidad de administración profesional que sea parte de la comunidad cooperativa a la que sirve. Una administración que lidere desde adelante, comprometida en la realización del propósito cooperativo, guiada por valores y principios cooperativos y asociada a los dirigentes electos, en último término, responsable ante miembros informados y comprometidos. Fue el desaparecido Will Watkins quien escribió que para las cooperativas el principio de unidad es más importante que el de democracia [7]. Sin una comunidad cooperativa viva no tendremos ni unidad ni democracia. Un principio de administración cooperativa que refleje el propósito subyacente en todas las cooperativas permitirá que la dirección de la empresa cooperativa mantenga su rumbo hacia una cada vez mayor realización de la comunidad cooperativa.

* Para un tratamiento más completo de estos temas los lectores pueden escribir al Dr. Peter Davios c/o Management Centre, Uniiversity of Leicester, Leicester, LE1 7Rh solicitando copias de sus dos recientes trabajos sobre administración Co-operative Management and Organisational Development for the Global Economy (1994) y Co-operative Management and co-operative Purpose: Values, Principles and Objectives into the 21 st Century, (1995). Precio 2,00 libras cada uno. Cheques a la orden de la University of Leicester.

[1] Volkers, Reimer, "informe sobre gobierno societario y sistemas de control administrativo", Revista de la Cooperación Internacional, Vol. 27, nro.3, Buenos Aires, 1994

[2] ACI, "Proyecto de declaración sobre identidad cooperativa" en Revista de la Cooperación Internacional, Vol. 27, Nro. 3, Buenos Aires, 1994, p.30.

[3] Book, Sven Ake, Co-operative Values in a Changing World, Informe al Congreso de Tokio de la ACI, octubre 1992, Ginebra, 1992, p.197.

[4] Aci, "Proyecto de declaración sobre identidad cooperativa" en Revista de la Cooperación Internacional, vol. 27, Nro. 3, Buenos Aires, 1994, p.30.

[5] ibid

[6] ibid

[7] Watkins, W.P. , Co-operative Principles Today and Tomorrow Mahyoake Books, Manchester, 1986, p.19.

Publicado el 28 de junio de 2001

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