Cooperativismo, mujer y trabajo
Por Mildred Santiago Ortiz
La cooperación y la ayuda mutua son características propias que nos definen y se han expresado en nuestra historia como pueblo. El cooperativismo organizado cumple 132 años de existencia con un balance positivo de desarrollo para el país. También, han sido 132 años de lucha contra un sistema que valora y premia la concentración del capital y la riqueza, un sistema acostumbrado a contemplar el éxito en el esfuerzo de unos gracias a la necesidad de muchos. Un sistema que ve en el esfuerzo colectivo una alternativa en lugar de una estrategia. Un sistema en el que los que más tienen, ven en el éxito de empresas de autogestión, la pérdida de beneficios dejados de devengar tal y como ocurre con nuestras empresas cooperativas.
Hemos participado del desarrollo socioeconómico formando instituciones en las cuales se practica la democracia participativa, la libertad de adhesión, la solidaridad, la educación constante y la autorregulación sobre una base de principios y valores éticos en un país necesitado de estos valores. En el pasado, presente y futuro del desarrollo de las cooperativas encontraremos en su génesis un denominador común y es que surgen para atender necesidades del ser humano. En sus procesos de desarrollo las cooperativas no pueden ser entes inflexibles, sino instrumentos hábiles para enfrentar los retos de un mundo cambiante. Las necesidades cambian, como cambian los momentos históricos de cada pueblo que lucha por lograr mayores posibilidades de desarrollo, de un mejor porvenir, de poder lograr una quidad y mejor distribución de la riqueza. Es el reto diario al que nos enfrentamos ayer, hoy y mañana. Los cambios nos prometen nuevos retos.
Ayer hablamos de 936 como instrumento para propiciar un mayor desarrollo económico, hoy hablamos de 936 como apartado postal de unas zonas de San Juan. En nuestro entorno es obvio el desgaste del modelo económico que se derrumba y que se desarrolló fundamentado en la inversión extranjera. Un país que sufre los embates de una situación política que limita sus posibilidades de crecimiento y que se enfrenta a una crisis por la ineficiencia de un sistema fiscal que castiga a los trabajadores y compensa a los dueños del capital. En ese contexto en el cual vivimos cada día son palpables y más evidentes las diversas expresiones de esas necesidades. El reto es vencerlas, el reto es enfrentarlas, el reto es unir las voluntades individuales a favor de un bienestar colectivo.
Por otro lado, el cooperativismo en Puerto Rico lo representan trescientas ochenta y ocho instituciones de gran diversidad. Existen actualmente cooperativas agrícolas, industriales, comerciales, de seguros, vivienda, servicios, ahorro y crédito, de consumo, transporte, juveniles y otros tipos diversos. Entre todas generan 6,228 empleos directos, con 949,325 socios y activos asienden a 7.6 billones. Además, la Corporación para la Supervisión de Seguros de Cooperativas, entidad reguladora del sector de ahorro y crédito, que además tiene la función de asegurar las acciones y depósitos tiene $107.8 millones en activos y es cien por ciento sostenida por las aportaciones de las cooperativas de ahorro y crédito. De igual manera, ante la necesidad de atender necesidades de cientos de personas interesadas en organizar empresas cooperativas y a quienes las instituciones financieras les cerraban las puertas, impulsamos la creación del Fondo de Inversión para el Desarrollo Cooperativo, organización creada para dar impulso al modelo cooperativo que se nutre de fondos de las cooperativas que son pareados por el gobierno. Actualmente FIDECOOP cuenta con un capital aproximado de 18 millones.
Los datos cuantitativos nos ofrecen un panorama económico del cooperativismo. En la Liga de Cooperativas de Puerto Rico trabajamos como organismo representativo de esos esfuerzos ejerciendo nuestras funciones de promover la educación, fomentar la integración, representar y preservar los valores y principios cooperativos. Esta parte cualitativa del esfuerzo la realizamos con la firme convicción de que es un modelo organizativo superior a cualquier otro, porque se fundamenta en la supremacía del ser humano y no del capital. Destacamos dos grandes virtudes del modelo, la educación constante y la autorregulación. La primera es básica para dirigir estas organizaciones y los retos que representa el entorno en el cual funcionamos. La autorregulación porque es vital para asegurar ese valor esencial de la honestidad que fortalece la confianza, elemento indispensable para el desarrollo de las cooperativas y para la transparencia que debe ser principio rector en nuestras organizaciones.
Nuestro trabajo se desarrolla tomando como base nuestro Plan Estratégico que fue preparado y avalado con la participación de la base cooperativista en marzo pasado. Ahí están plasmadas nuestras aspiraciones básicas para dar impulso a este modelo. En esencia destacamos dos aspectos medulares: la necesidad de continuar trabajando para lograr un mayor respaldo al modelo cooperativo de parte de las entidades responsables de gobernar y el reto de los cooperativistas a promover la integración y un desarrollo vigoroso del modelo.
En el caso de las autoridades gubernamentales destacamos la necesidad de que se utilice el modelo cooperativo como estrategia de desarrollo socioeconómico y no como una alternativa más. En el desarrollo de los procesos gubernamentales es urgente y necesario requerir a cada agencia gubernamental que viabilice el desarrollo del modelo cooperativo. En los planes de desarrollo económico, poco se habla del cooperativismo o de las empresas de trabajadores, modelos autogestionarios que tienen en común un desarrollo con la participación de los trabajadores como protagonistas principales y que se desarrollan con capital nativo y sentido de responsabilidad propia. Los incentivos gubernamentales más extraordinarios son para los grandes empresarios o representantes de las multinacionales extranjeras que generan empleos inmediatos, muchos de ellos de jornada parcial sin beneficios básicos y marginales. De ahí nace nuestro empeño en continuar los esfuerzos para reclamar espacios para que el cooperativismo pueda atender las necesidades de nuestro pueblo mediante el modelo cooperativo. En el ámbito cooperativo aspiramos a mejorar en el aspecto de la integración de esfuerzos para ser más efectivos y eficientes en los planes de desarrollo de nuestro país. En ambos casos es necesaria la educación constante que antecede a la voluntad para lograr la transformación que deseamos.
Ahora bien, reclamar más espacios para el desarrollo del modelo, no excluye la necesidad de superar obstáculos. De éstos y por su pertinencia resaltamos las barreras que tenemos que superar las mujeres para lograr una participación igualitaria. Siempre hemos expresado que donde vean a una mujer junto a un hombre triunfando juntos, deben saber que el camino que ella recorrió fue más adverso y difícil. En el cooperativismo nos esforzamos porque, a pesar de que contamos con una estructura democrática, la participación, en el caso de las mujeres, no ocurre automáticamente. Aunque hemos tenido algunos avances, todavía tenemos mucho camino que recorrer en este aspecto. Nos referimos a que en algunas instancias hemos logrado avanzar en la participación de la mujer, no así en los puestos de dirección que siguen ocupados en su mayoría por hombres, sobre todo en las organizaciones de segundo grado.
Los datos que acompañan esta presentación así lo evidencian y aprovechamos la oportunidad para mencionar la imperiosa obligación de obtener datos estadísticos que nos permitan el análisis y la planificación futura. En nuestro caso realizamos grandes esfuerzos para que las personas nos remitan la información que solicitamos por lo que presentamos una muestra que en el caso del sector de ahorro y crédito es de 41 % y en las otras cooperativas un 34 % de participación.
En el sector de ahorro y crédito encontramos los siguientes datos:
•Presidencia de los Comités de Supervisión: 59% Masculino 41% Femenino
•Presidencia Comités Educativos 50% Masculino 50% Femenino
•Presidencia Comités de Crédito 70% Masculino 30 % Femenino
•Presidencias Ejecutivas 100% Masculino
•Presidencias de Juntas de Directores 78% Masculino 22% Femenino
En la Ley 239 conocida como la Ley General de Sociedades Cooperativas la relación era similar:
•Presidencia de los Comités de Supervisión: 48% Masculino 52% Femenino
•Presidencia Comités Educativos 52% Masculino 48% Femenino
•Presidencias Ejecutivas 100% Masculino
•Presidencias de Juntas de Directores 100% Masculino
Como verán, el acceso a posiciones de dirección, continúa siendo desigual. Es aquí donde es más evidente la desigualdad.
Éstos son datos de un estudio que se realizó del 2003 al 2004 por el Comité de Género de nuestra institución, comité que viene trabajando hace varios años y que tiene entre sus responsabilidades:
a. Contribuir al cambio en las relaciones desiguales e injustas entre los géneros dentro de los sectores cooperativistas.
b. Promover la creación de condiciones que garanticen una participación justa y equitativa además de acceso a la toma de decisiones en todos los niveles de las cooperativas.
c. Promover que los cuerpos directivos y del Sector Cooperativo estén compuestos equilibradamente, manteniendo la equidad de género.
d. Crear conciencia de la importancia de la equidad de género dentro del sector cooperativo y la sociedad en general.
El Comité de Género es un instrumento que junto a los lineamientos generales establecidos por la Alianza Cooperativa Internacional nos guían en ese esfuerzo.
En el cooperativismo trabajamos para ayudar a transformar una sociedad que posee patrones culturales arraigados en designar a la mujer su papel de reproducción y subestiman su capacidad de incidir en los procesos de producción económica. Las responsabilidades familiares que agobian a la mujer trabajadora, que cada día aumenta en su porcentaje de jefa de familia, tenemos que superarlas desde nos encontremos. En los últimos años hemos visto el surgimiento de nuevas cooperativas en las cuales se destacan las mujeres trabajadoras. En el ámbito de las cooperativas industriales organizadas encontramos una participación significativa de mujeres, en especial, porque de las ocho cooperativas organizadas cuatro están vinculadas a la industria de la aguja. Sin embargo, están presentes en otros proyectos tales como Cooperativa Orocoveña Biscuits donde las mujeres son mayoría y en otros como la Cooperativa de Acueductos de Patillas y Cooperativa de la Industria de la Construcción. Mujeres haciendo historia, abriendo surcos con su participación.
El cooperativismo, que fue pionero en el desarrollo de organizaciones fundamentadas en la solidaridad, la equidad y el respeto por la diversidad es un modelo organizativo que posee una estructura de funcionamiento más democrática y menos jerárquica por lo que, en términos teóricos, debe permitir un ambiente más propicio para atender las necesidades de la mujer trabajadora, facilitar su integración a los procesos y atender la desigualdad. Esa participación debe manifestarse también en la de toma de decisiones y en el liderato de las instituciones.
Para lograrlo, en la práctica se necesitan medidas concretas tales como:
• Implantación de medidas y políticas que faciliten la integración de la mujer (cuido de niños, horarios de reuniones, facilitar transportación, otros)
• Fortalecimiento de los programas educativos
• Recopilar datos estadísticos.
• Crear instancias que nos permitan compartir experiencias y divulgar las experiencias exitosas.
• Ejercer la democracia participativa y utilizarla para mejorar las condiciones de trabajo y participación.
• Ofrecer servicios de asesoría en áreas legales y financieras así como establecer alianzas con otros sectores aliados.
• Fomentar áreas de trabajo o comités que atiendan las necesidades de las mujeres.
• Fomentar el trabajo en equipo, las jornadas laborales más adecuadas, considerar la posibilidad de rotar en las funciones; una mayor compatibilidad con las múltiples funciones o roles que ejerce la mujer.
• Insertar y fomentar la discusión del tema del género en los procesos organizativos.
• En el caso del cooperativismo la Alianza Cooperativa Internacional establece lineamientos que fomentan que las cooperativas promuevan una participación igualitaria de hombres y mujeres.
• Implantar mecanismos para identificar, analizar y atender las dificultades de las mujeres para integrarse a los procesos de dirección.
• Reafirmar nuestro compromiso con la práctica de los valores y principios cooperativos.
Reafirmar nuestro compromiso con la erradicación de actitudes puede ser un paso inicial que está al alcance de todas y todos. Luego hagamos un compromiso para atender las necesidades de las mujeres implantando procesos de consulta y educaciún garantizando siempre la participación democrática y si fuera necesario, confiando las estructuras para asegurar ese avance que antecede a la transformación que queremos de nuestra sociedad, por una más justa e igualitaria.
La autora es Directora Ejecutiva de la Liga de Cooperativas de Puerto Rico
Ponencia presentada por la autora en la 1ra. Conferencia de la Mujer Trabajadora celebrada en el Colegio de Abogados en el mes de octubre.
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