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Viernes, 03 de Julio de 2009. Montevideo, Uruguay

Pascal Bruckner: Una sociedad que genera exclusivamente consumidores está atentando contra sí misma

Por Raquel Guinovart *

" (...) La inocencia que según Bruckner tienta al mundo desarrollado es una especie de estado de gracia que despoja a los individuos de la pesada carga de la responsabilidad. "Llamo inocencia a esa enfermedad del individualismo que consiste en tratar de escapar de las consecuencias de los propios actos, a ese intento de gozar de los beneficios de la libertad sin sufrir ninguno de sus inconvenientes".

El individualismo al que alude no es sinónimo del egoísmo; es el modelo de civilización que surge en Europa después del Renacimiento, cuando el individuo se convirtió en el fundamento de los valores que antes dependían de la fe o de la autoridad de un tercero. La consecuencia de esta creación histórica occidental es la libertad; su contrapartida, la inquietud permanente de tener que construirse a sí mismos.

El desarrollo tecnológico ha potenciado los alcances de esa libertad y, desde luego, la dimensión de la responsabilidad. El problema que Bruckner detecta es que este incremento de responsabilidad se combina con una conciencia de la propia impotencia. De ahí la paradoja del hombre moderno que parece expresar dos demandas contradictorias frente a la sociedad: "déjenme en paz" y "ocúpense de mí". El individuo contemporáneo querría conservar las ventajas de la libertad (la independencia) sacándose de encima sus inconvenientes (la responsabilidad). Una libertad ingrávida que sólo conocen el niño o el santo. Es una inocencia que resulta tentadora. Bruckner inventa dos categorías para ilustrar sendas modalidades de la inocencia rediviva: el infantilismo y la victimización. (...)

La diversión constituye el otro baluarte de esa fijación en lo pueril. Las sociedades actuales dan a la diversión un papel excepcional, y en este sentido la televisión es un objeto único que combina la evasión máxima con el mínimo de obligaciones. Bruckner se espanta: quien iba a pensar que "cuatro siglos de emancipación de los dogmas, de los dioses y de los tiranos desembocarían ni más ni menos que en la maravillosa posibilidad de elegir entre varias marcas de detergente para lavadora, varias cadenas de televisión o modelos de vaqueros". Nada más absurdo, porque esa práctica no corona sino que anula el proyecto emancipador: "consumimos... para dejar de ser individuos y ciudadanos, para liberarnos de la pesada obligación de tener que llevar a cabo elecciones fundamentales".

El problema es que el consumidor no es un ciudadano. Bruckner advierte que una sociedad que genera exclusivamente consumidores esta atentando contra sí misma. Hay ciudadanía a partir del momento en que el individuo acepta suspender su punto de vista privado para tomar en consideración el bien común. Ser usuario, por el contrario, significa ocuparse de la defensa exclusiva de los intereses propios, aunque estos representen los de un grupo de presión.

Opina que las sociedades desarrolladas, situadas en un lugar y en un tiempo privilegiados de la historia, pretenden la cuadratura del círculo: "ciudadanos acomodados, adormecidos por las comodidades y ciudadanos activos, implicados". Un Bruckner moralista en el más tradicional sentido de la palabra, se sorprende: "La apuesta disparatada del consumismo radica en pretender conseguir que los mayores defectos de los hombres se vuelvan beneficiosos para la colectividad, en tratar de transformar la codicia, la voracidad, el egoísmo en vectores de la civilización".

Otra seña que distingue esta época es el lugar que ocupan los niños en la sociedad. La genealogía de esta situación surge de la doble herencia de Freud y de Rousseau. De Rousseau proviene la alianza entre el niño y el salvaje; uno y otro vienen en una pureza que la civilización y la sociedad todavía no han alterado. De Freud se conserva sobre todo la importancia otorgada a los primeros años de la vida, la infancia como etapa de fundación. En los años 60 estas dos tradiciones se unieron. (...)".

*(nota de Raquel Guinovart sobre ‘La tentación de la inocencia’ de Pascal Bruckner, en El País Cultural del 28 de mayo)

Publicado el 5 de julio de 2001

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