NETICOOP

Martes, 07 de Febrero de 2012. Montevideo, Uruguay

Cooperativas Fruti-hortícolas

Por Roberto Bertossi*

Cuando escribimos sobre cooperativismo nos referimos siempre a una genuina y autentica cooperación y no a meros simulacros o caricaturas de la misma.

Proponemos ahora que la fruti horticultura nacional y latinoamericana se organicen, según regiones especificas, en su propia clase cooperativa, fincadas en los principios cooperativos y no se resuelvan -en los hechos- en otra constitución de entidades, final y solapadamente, puramente comerciales, ajenas a toda solidaridad y servicio.

Pensamos que el sector de hortalizas, verduras y frutas, a través de la cooperación, puede llegar a ser competitivo, diversificado, con valor agregado local, produciendo de tal modo un aporte favorable y más notorio social, económico, ecológico y paisajísticamente.

Es cierto, estamos hablando de alimentos buenos, agradables para la plenitud de la vida sana.

Se puede asegurar también que resultan valiosas substancias orgánicas necesarias para un mejor equilibrio de las diferentes funciones vitales, influyendo particularmente -cada una- en una determinada de estas funciones.

Sin duda, cualquier alimento que sirva para proporcionar al organismo humano la materia, el liquido y las energías que el mismo necesita para conservar la vida, debe valorarse y desde esa perspectiva, procurar que todos los todos del todo social tengan acceso a una dieta fruti hortícola razonable y adecuada.

Estamos hablando de valores nutritivos que acreditan nuestra pareja subestimación o ignorancia de las propiedades de diversas y múltiples frutas y hortalizas en un país, claramente inclinado a consumos cárnicos.

La cooperativa fruti hortícola puede ofrecer soluciones a parcelas de reducidas dimensiones para facilitar una gestión adecuada y la formación de cuadros técnicos y eficientes administradores entre sus propios asociados componentes, diferentes grados de financiamiento, autoseguros múltiples, racional mecanización; puede también ofrecer diversificación de variedades, así como una información satelital adecuada y oportuna de climas y mercados.

Otro tanto se puede lograr en lo técnico, en irrigación, en tratamientos fitosanitarios, en comercialización -mercados interno y externo-, en transporte y logística, en la difusión de los beneficios de una nueva cultura alimentaria, pero, simultáneamente educación cooperativa y capacitación para, Vg. la poda, la recolección, clasificación, industrialización, empaquetado y comercialización de frutas y hortalizas.

La cooperativa puede superar obstáculos de desconfianza y tradicionalismo en hombres y mujeres fruticultores y horticultores, proporcionándoles escala, calidad -acreditando marcas y procedencias-, a la vez que les libera de intermediarios.

La cooperativa fruti hortícola integrada con otras hortifruticulturas asociativas puede implementar infraestructuras adecuadas para lograr valor agregado local, industrializando estos productos primarios, -disecados, enlatados, frascos, bandejitas, etc.-.

Para todo esto y para mucho más será imprescindible que en lo inmediato se logren acuerdos asociativos sucesivos e integraciones cooperativas en función de establecer precios justos e influir en la producción, adecuándola al consumo y a las nuevas demandas de hoy.

Es casi imprescindible también, impulsar políticas concurrentes para el más apropiado desarrollo de comunidades regionales y un entorno propicio para reimpulsar cultivos hortícolas y frutícolas orientados al bienestar general y a la salud de la población.

Este sector fruti hortícola encontrará sin dudas, un lugar privilegiado en actuales y futuros cinturones verdes de pueblos y ciudades, arreglados a un correcto plan estratégico urbano-rural que les diseñe, ubique, y promueva según las características autóctonas, introduciendo nuevos cultivos, rompiendo ingeniosa y creativamente la estacionalidad para constituirse en uno de los objetivos mas importantes de cada comunidad regional.

Reitero, debemos ir por una cultura alimentaria sin exclusiones y funcional a un crecimiento humano integral, saludable y duradero.

A modo conclusivo, se han destacado una serie de factores integrantes de la agricultura fruti hortícola y hemos apuntado las posibles soluciones que, a nuestro juicio, consideramos adecuadas.

Todos estos factores están estrechamente ligados y relacionados entre sí y las soluciones que puedan imaginarse serán comunes a todos ellos.

Finalmente, en este como en otros sectores, el cooperativismo revive, renace como paradigma de energía social, significativa, de articulación productiva entre individuos y sociedad, mejorando en definitiva las condiciones de vida de la ciudadanía beneficiada.

*Investigador de la Universidad Nacional de Córdoba
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales
República Argentina.

Publicado el 30 de diciembre de 2004

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